martes, 28 de junio de 2011

De los tipos de adiós y el enigma de la muerte

La vida del hombre se compone de vaivenes. Subimos y bajamos. Vamos y venimos. Así de intensa es la dinámica humana. Día a día. En todos los rincones del mundo y en todos los idioma existentes, decimos adiós, bye, ciao... pero muy pocos se detienen a reflexionar lo que implica decirlo. Y sobre todo, del impacto que esta palabra tiene como factor determinante en la vida de cada uno de nosotros.

Hace un año dos meses daba la despedida más dolorosa de mi vida. La más fuerte y determinante. Ésa, que para mí, es de las casi únicas que merece lágrimas. En aquel entonces no decía sólo adiós. Sino hasta nunca. Hace ocho meses le dije adiós a mi país. Fue un hasta pronto. En muy poco tiempo diré adiós a esta ciudad. Será un hasta siempre.

Quizás nadie se haya detenido en algún momento a filosofar sobre las implicaciones e implicaturas de decir adiós. Menos si hay diversos tipos. Una encuesta probablemente dirá que sí hay una tipología del adiós. ¿Por qué enfrascar todo a un sistema cuantificador? Hay gente que habrá dicho adiós a un amor, a un amigo, a un familiar, un compañero de clase, de trabajo, a los vecinos, profesores... todos vivimos dando una despedida. Tal vez eso nos ayude a solucionar el enigma de la muerte. Porque la vida en sí, es un adiós.

sábado, 30 de abril de 2011

Tipos de mexicanos y la parábola del nopal

Hace un año, después de haber vivido el evento más trágico de mi vida, pude hacer una serie de observaciones. Me di cuenta de los tipos de mexicanos que hay. Quizás más que eso, de los tipos de seres humanos que hay. Al final de cuentas, todos estamos constituidos de la misma materia, y sin ser espiritual, nuestra esencia carnal es la misma.

Los escenarios eran claros:

Un policía pedía dinero a un padre para atrapar al asesino de su hijo adolescente, o bien, que juntara a sus familiares que le acompañaban para que así reuniera “lo más que pudieran”.

Una amiga perdía su día de trabajo para acompañar a su incondicional en el momento más doloroso de su vida. Llegó a las 6 de la madrugada. Entre sollozos, lágrimas, y miradas perdidas daba su consuelo a una madre que se consumía del sufrimiento.

Dos amigas más se preparaban para asistir con llamado de urgente al velorio de quien conocieron poco, pero que sabían que era parte integral de su amigo. La inseparable compañera de trabajo, hoy más amiga que antes de ese acontecimiento, hizo una llamada para creer lo que aún nadie podía procesar en su cabeza.

El tiempo de olvidar se dio cita. Dos amigas dieron una lección de vida a quien por mucho tiempo se había envenenado con orgullos que para ese momento sólo eran un montón de basura.

Decenas de personas se amontonaban para corroborar el horror. Un grupo escolar se dio cita hasta el lugar de los hechos. Ayudaron con dinero para mostrar materialmente el apoyo que con su presencia ya era más que enriquecedor y de exagerado amparo.

Cuatro amigas que demostraron serlo movieron cielo, mar y tierra para llegar al cementerio y después ir hasta la casa de los dolientes a expresar su incondicional apoyo, a quien poco habían conocido, pero que mucho estimaban al grado de perder tiempo de sus importantes trabajos.

Una familia se unía como ya muy pocas en el mundo para estar todo el tiempo con sus seres amados que contenían su alma en pena.

De entre estos extractos de los tipos de mexicanos, que seguramente habrán muchos más, hay una imagen que jamás se borrará de esta perturbada mente: los típicos borrachos del barrio. Ellos, sí, los sucios, los mal vistos, ésos que muchas veces son temidos por su aspecto. Ésos que sólo el que estaba dentro del féretro y otros pocos sabían tratar como gente, se acercaron al destruido padre y le entregaron un saco.

Eran nopales dentro de un sucio costal. Naturales. Totalmente silvestres. Recién cortados. Con muchas espinas pero que si se trataban con delicadeza eran deliciosos. Cualquier parecido con la realidad, es simple coincidencia...

viernes, 4 de marzo de 2011

Llorente: Nadie entiende su lado femenino... es un hombre que se quiere ver divino




Hace unos días me tocó cubrir la sección de deportes en un ejercicio académico-periodístico. Estuvimos una compañera y yo observando los entrenamientos del Athletic y después asistimos a la rueda de prensa.


Esperamos más de dos horas. Salió el primer jugador que ni su nombre recuerdo. Respondió en euskera unas dos preguntas otras pocas en castellano, y se retiró. Máximo estuvo unos 10 minutos. Después de una media hora, volvió a salir el otro (por día salen dos): Fernando Llorente. El más popular y según los especialistas, el mejor del equipo. Rumores, críticas, pláticas y hasta burlas se escuchaban previo a su aparición. Los reporteros se quejaban de la enorme demora de estos personajes, la cual respondía a que éstos no salían hasta que estuvieran cambiados de ropa, bañados, peinados y maquillados. Me parecía que era una conversación de simple burla. No fue así, Fernando Llorente, ese joven famoso por ser parte de la Selección Española, y a quien se le reconoce en la cancha de futbol por su sudor, su esfuerzo dentro del campo, su uniforme sucio del trabajo en el juego, pasa por el protocolo metrosexual antes de salir a hablar menos de cinco minutos con la prensa.


Dudo que sea una situación nueva. No obstante, recuerdo cuando era pequeño, cómo la mayoría de futbolistas mexicanos salían a dar sus conferencias de prensa con el uniforme del equipo, y hasta recién duchados. No cabe duda que los tiempos cambian. Para bien o para mal, eso queda en la ambigüedad que estas palabras implican. En México hay un personaje que se presenta un fenómeno similar al de Llorente: Javier Hernández , “El Chicharito”. Este joven sale en revistas de señoritas como un símbolo sexual. Es decir, como un galán de telenovela.


Ambos personajes a quien se les podría sumar Cristiano Ronaldo (por citar seguramente sólo a una mínima porción de deportistas metrosexuales), me han llevado a recordar el concepto de Kitsch de Umberto Eco, quien asegura que en el terreno del arte, por ejemplo, una canción de Mozart, se convierte en un producto vulgar o bien Kistch, gracias a que la sociedad, la cultura y demás elementos le han hecho popular. Creo que este concepto se podría volver analogía y aplicar a esas personas que tienen su raíz y su identidad en un campo determinado, pero que por el paso de tiempo se autocorrompen, volviéndose parte de una farándula que no hace más que restarles crédito como aquello que los llevó a la cima y por lo que en realidad valen algo a nivel masa: el futbol.


Por tanto, no cabe la justificación de Amandititita: “nadie entiende su lado femenino... es un hombre que se quiere ver divino”.

viernes, 28 de enero de 2011

Hola, buenos días Irenita

Irene es mi compañera de clase. Nos llevamos muy bien. Es una chica muy maja y bonita: delgada, ojos azules, simpática, estudiosa, inteligente… hace unas semanas, hicimos una práctica de televisión. El presentador de un noticiero mandaba a dar el estado del tiempo. Irene se encargaba de conducir el programa y yo daba el clima.

Todos pasamos en parejas y excepción de unos dos o tres equipos, la mayoría se esforzaban por representar un formato similar al de los noticieros de Radio y Televisión Española. Yo advertí a Irene de un pequeño giro lingüístico que daría a su nombre. Nos tocó pasar. La primer frase de mi diálogo era el saludo. Lo modifiqué y le dije: “Hola, buenos días Irenita”…

Yuriria Sierra, Adela Micha, Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola, Francisco Zea, Ivonne Melgar: ¿os suena alguno de los nombres? A ellos les agradezco el descojono que provoqué a los más de 15 españoles con los que comparto la clase: “eso es un noticiero serio”, me dijo Sara en tono de broma.

Aquello realmente me puso a reflexionar en que quizás el ritmo latinoamericano a veces es un tanto ampliado. Les mostré a mis colegas cómo “actúan” los conductores de los noticieros mexicanos, con el ejemplo de Adela Micha y de Yuriria Sierra. Se sorprendieron de ver la manera “poco formal” en la que se da a conocer la información. Mi preocupación dio la vuelta cuando leí un artículo: “Zabludovsky ya estaba allí”. Aquí se destaca el trabajo de Jacobo Zabludovsky como el primer periodista de habla hispana y paradigma de “calidad”. Se reconoce a la televisión mexicana como un ejemplo que tomó el modelo estadounidense y llegó a su éxito al transmitir la información: “fortalecieron la producción, el diseño, la forma de presentación y el salto de fronteras vía satélite y cable”.

Tal análisis ha hecho que cuestione por qué en Europa no apuestan por esa innovación de formato noticioso, ya que sus más de 10 noticieros que transmiten al día no dejan de verse igual de monótonos y con el espíritu no más allá de una simple lectura oficial de noticias.

Europa necesita refrescar el panorama informativo en los medios electrónicos que a estas alturas ya debe de incluir el análisis de un líder de opinión, y tomar en cuenta la opinión pública, lo cual no implica necesariamente un: “Hola, buenos días Irenita…”.

martes, 28 de diciembre de 2010

De tradiciones bilbaínas a creencias mexicanas

El martes 21 de diciembre, la mayoría de mis compañeros españoles habían pedido permiso para suspender las clases de la tarde. Ese día se celebraba a Santo Tomás. Al no tener idea de quién era “ese señor”, quise ir a investigarlo. Fuimos Velia (nicaragüence), y Gema (española que nunca en su vida había ido a la celebración).

Llegamos al lugar de la cita: Casco Viejo. Desde que salimos de la estación del metro, nos encontramos con una multitud conformada por jóvenes que se notaba no rebasaban los 21 años. Todos en estado ebrio y algunos otros a punto de llegar a ese punto. Nos reunimos los tres turistas y fuimos al lugar donde vendían “talo con chorizo”, que no es más que lo proporcional para nosotros a una especie de tortilla a mano con loganiza. La bebida estelar: sidra. Eso es el leitmoiv de aquella celebración a la que el argumento más sólido es el de el parteaguas para iniciar los festejos navideños. Sin mayor protocolo, Santo Tomás inicia así: compra venta de esa tradicional bebida y alimento y temina de la misma forma.

En México hay muchísimas celebraciones por diversos motivos y en el concepto de lo anterior: está el inicio de las posadas, los últimos XV años del año, la boda de la amiga, el bautizo colectivo en la villita del primer ahijado, etcétera.

De toda esa gama del santoral que a los mexicanos se les ha ocurrido celebrar, está uno que para mi representación es el más paradigmático: el 28 de cada mes.

No me enteré de tal celebración hasta que hice mis prácticas profesionales en El Universal. Cada mes durante los cinco que estuve ahí, presencié aquel interesante ritual. Personas disfrazadas, otras con estatuas, algunas más con pequeños, medianos o grandes piezas en la mano de San Judas Tadeo. Considero que poco a poco la fe por tal personaje ha incrementado.

Pareciera que la iglesia de San Hipólito, a la salida del metro Hidalgo, en la ciudad de México, pagara por las visitas. Miles de personas circulan durante los días 28. Todo inicia desde aproximadamente las 8 de la mañana. Dan las 10 de la noche y la gente no deja de pasearse aún. Todo suele concurrir con pasividad y armonía.

Al parecer, ambos ejemplos, el de Santo Tomas y el de San Judas Tadeo, son paradigmáticos de comparación. Hay quien quizás se enorgullecería de México al decir que las tradiciones siguen vigentes y la fe presente. Que en España cientos de jóvenes ebrios celebran a un santo que ni yo, que fui a festejarle, pude conocerlo, o saber en realidad un motivo razonable del porqué se festeja así.

Quizás los mexicanos podrían decir que los hace felices ver a personas devotas con flores, velas, sus santos y hasta vestidos como ellos para decir que son buenos.
Lo creería hasta yo, si no es porque un día como ése, un 28 de algún mes, saldría a la calle escondiendo hasta el mínimo valor que llevara en la mano y mi hermano me dijera “es 28, ese día no asaltan porque es día de 'Sanjuditas'. Seguiría orgulloso de ese patrimonio de fe que tienen mis mexicanos si meses después, un 28 de ese mes, no hubieran asesinado a ese hermano que me dijo que los días 28 no asaltan.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El partido de fútbol (leerlo con acento por favor)

El pasado miércoles 29 de noviembre asistí con Borja y Kilian a ver el partido Barça vs Real Madrid. Llegamos al bar de siempre y pedimos papas con salsa ali oli. Es evidente que el picante no se hizo para los europeos. Pasó el tiempo. Cenamos hamburguesas también. El partido inició.

A los 10 minutos Barça anotó el primer gol. Así se la llevaron hasta llegar a los míticos 5 goles.Ese partido fue muestra representativa en mi vida para apreciar el arte del futbol. Un juego tan estratégico no pudo haber quizás existido. Advertir cada pase, cada saque. El Barça no sé si será el mejor. Pero creo que Real Madrid sí es el peor.

Cristiano Ronaldo, amado por muchas y odiado por otro tanto, uno de los jugadores que recibía el enfoque de la cámara cada que se podía, "es que es el jugador más caro del mundo", dice Borja. No sabía hacer otra cosa más que actuar. Al nivel de los otros jugadores de su equipo. No debo negar que el Barça también daba show, pero realmente sus oponentes se llevaban el trofeo. El juego terminó.

Al otro día los españoles no dejaban de hablar del "histórico partido". Mis compañeros de curso habían hecho una apuesta. Nadie ganó. Se superaron las expectativas.

Después de ver todo eso, me parecía las personas de aquí eran como los mexicanos de fanáticos. Recuerdo, por ejemplo, un Pumas vs América. Algo así.

Pero hubo algo que me dejó pasmado. A la fecha no lo puedo superar. En este momento es lunes 6 de diciembre. 12.05 de la madrugada. Es hora en la que España no deja de pasar encuadre por encuadre de aquel partido.

Comprendo que fue un partido esperado, "el del siglo", y que paradójicamente se repite dos veces por año. Lo que simplemente no puedo entender, es por qué si España se encuentra en uno de los conflictos económicos más grandes de su historia, su política está en el Sur le file, vienen las fiestas navideñas, y el año nuevo se aproxima, ¿no pueden superar el 5-0?

¿A caso estas historias no son constantes en algún lado?

jueves, 28 de octubre de 2010

El Méjico que dejé

Hace unas semanas dejado mi Méjico...

En tan poco tiempo han cambiado muchas cosas dentro mí. Extraño algunas otras. No lo niego...

Me he ido con una ilusión...

Actualmente llevo a cabo las actividades para las que fui designado. Por las tardes, o a veces en la noche salgo a correr. Poco extraño se me hace no ver un puesto de tamales en la esquina del polideportivo de la zona. Sí... ése que tiene tres albercas, de enormes campos, siempre limpio y lleno de "gente bonita".

No se me hace raro dar cada vuelta que dura entre siete y 10 minutos y que en ese camino no me encuentre con una joven menor de 17 años, morena con el pelo teñido de rubio, con un vástago en brazos, otro jugando y quizás el otro "en camino"

Al terminar mi rutina, paso dos enormes, limpias y hermosas avenidas que a veces se ven entorpecidas por conocidos para mí conductores impertinentes y que mi amiga francesa no acaba de comprender que se rebasen los unos a los otros para ganarse el lugar de estacionamiento.

Al llegar a la esquina del sitio donde vivo, no sé por qué no se me hace raro no ver un puesto de tortas que compite con otro de similar alimento frente a un cuarteto de locales de tacos y demás garnachas...

La primera vez que di un recorrido por los barrios cercanos a donde hoy duermo y paso bonitos momentos con gente amable y educada, me llegaron las 4 de la mañana. Aún no contaba con celular, pero mi amiga de Nicaragua sí...

Mi camino a la escuela no es como en Mejico. La gente es puntual, nadie come en el salón como yo mismo lo hacía y cuando como en la calle mi lácteo o durazo, la gente me observa raro y Gema y Sara (buenas compañeras), se ríen diciendo que no es común ver eso.

Nada de eso me causa nostalgia o sentimiento de orgullo...

Cuando me despedí de mi país y vi las últimas luces de la maravillosa ciudad de México, derramé un par de lágrimas. No lo hice de tristeza. Dejé a mis seres queridos llorando porque me envían con un luto. Un luto que le agradezco a ese Méjico ignorante y sobrepoblado. A esas ciudades asquerosas de gente nefasta que no dejará jamás su ideología del "chingar por chingar". A esas basuras humanas que no hacen más en empobrecer la calidad de vida que ya mucha gente se merece tener por el esfuerzo de su trabado del día a día.

Desde que me fui he escuchado noticias y no cambian. Muertos, chismes políticos y demás circularidades de hechos que ya son una constante en Méjico no cesan.

Quizás Méjico no reciba la evolución que merezca en un buen tiempo. Tal vez nunca para nosotros. Un sueño que tengo, y que es probable se quede en esos niveles del deseo, es regresar a mi país y poder correr, no importando ambulantes, limosneros, madres prematuras en el paso.

A mí únicamente me gustaría regresar a un Méjico en el que no tenga que esconder la baratija más insignificante que lleve, para que no se la lleve el primer parásito de los que muchos hay. Y peor aún... espero mejor dejen de existir, para así regresar con el deseo de permanecer y no huir como hoy lo he hecho...

Hoy añoro no volver a pisar la suciedad que he dejado.

Así de simple: hoy y siempre espero no regresar al Méjico que dejé. Ese Méjico de luto y en proceso de descomposición que no hace más que hacer presentes recortes dramáticos que enmarcan historias de vida dolorosas, crueles, y para suerte de muchos increíbles.

Cuando la música corra por tus venas,

prepara las alas:

Dios te ha elegido.

Eres de los suyos