domingo, 5 de diciembre de 2010
El partido de fútbol (leerlo con acento por favor)
jueves, 28 de octubre de 2010
El Méjico que dejé
En tan poco tiempo han cambiado muchas cosas dentro mí. Extraño algunas otras. No lo niego...
Me he ido con una ilusión...
Actualmente llevo a cabo las actividades para las que fui designado. Por las tardes, o a veces en la noche salgo a correr. Poco extraño se me hace no ver un puesto de tamales en la esquina del polideportivo de la zona. Sí... ése que tiene tres albercas, de enormes campos, siempre limpio y lleno de "gente bonita".
No se me hace raro dar cada vuelta que dura entre siete y 10 minutos y que en ese camino no me encuentre con una joven menor de 17 años, morena con el pelo teñido de rubio, con un vástago en brazos, otro jugando y quizás el otro "en camino"
Al terminar mi rutina, paso dos enormes, limpias y hermosas avenidas que a veces se ven entorpecidas por conocidos para mí conductores impertinentes y que mi amiga francesa no acaba de comprender que se rebasen los unos a los otros para ganarse el lugar de estacionamiento.
Al llegar a la esquina del sitio donde vivo, no sé por qué no se me hace raro no ver un puesto de tortas que compite con otro de similar alimento frente a un cuarteto de locales de tacos y demás garnachas...
La primera vez que di un recorrido por los barrios cercanos a donde hoy duermo y paso bonitos momentos con gente amable y educada, me llegaron las 4 de la mañana. Aún no contaba con celular, pero mi amiga de Nicaragua sí...
Mi camino a la escuela no es como en Mejico. La gente es puntual, nadie come en el salón como yo mismo lo hacía y cuando como en la calle mi lácteo o durazo, la gente me observa raro y Gema y Sara (buenas compañeras), se ríen diciendo que no es común ver eso.
Nada de eso me causa nostalgia o sentimiento de orgullo...
Cuando me despedí de mi país y vi las últimas luces de la maravillosa ciudad de México, derramé un par de lágrimas. No lo hice de tristeza. Dejé a mis seres queridos llorando porque me envían con un luto. Un luto que le agradezco a ese Méjico ignorante y sobrepoblado. A esas ciudades asquerosas de gente nefasta que no dejará jamás su ideología del "chingar por chingar". A esas basuras humanas que no hacen más en empobrecer la calidad de vida que ya mucha gente se merece tener por el esfuerzo de su trabado del día a día.
Desde que me fui he escuchado noticias y no cambian. Muertos, chismes políticos y demás circularidades de hechos que ya son una constante en Méjico no cesan.
Quizás Méjico no reciba la evolución que merezca en un buen tiempo. Tal vez nunca para nosotros. Un sueño que tengo, y que es probable se quede en esos niveles del deseo, es regresar a mi país y poder correr, no importando ambulantes, limosneros, madres prematuras en el paso.
A mí únicamente me gustaría regresar a un Méjico en el que no tenga que esconder la baratija más insignificante que lleve, para que no se la lleve el primer parásito de los que muchos hay. Y peor aún... espero mejor dejen de existir, para así regresar con el deseo de permanecer y no huir como hoy lo he hecho...
Hoy añoro no volver a pisar la suciedad que he dejado.
Así de simple: hoy y siempre espero no regresar al Méjico que dejé. Ese Méjico de luto y en proceso de descomposición que no hace más que hacer presentes recortes dramáticos que enmarcan historias de vida dolorosas, crueles, y para suerte de muchos increíbles.
Cuando la música corra por tus venas,
prepara las alas:
Dios te ha elegido.
Eres de los suyos
jueves, 23 de septiembre de 2010
De la anatofiloçofía del ecce homo mejicano
Facer una “anatofiloçofía del ecce homo mejicano”, atiende a la necesidad de generar un ideal más preciso de lo que es la estructura del hombre. Pero no de cualquiera, sino de Ése, el ecce homo escriturado y bíblico.
Aludir a lo mejicano, es intentar integrar todo aquello que te rodea. Aun, que no seas de aquel país americano, sabes que siempre tendrás algo en común con aquél. Y peor, cuando te des cuenta serás uno de ellos. Sin razón y lógica alguna.
Antes de accesar a la “anatofiloçofía del ecce homo mejicano”, los estamentos deben ser precisos. La definición de un buen mejicano, queda sintetizada con el concepto del Padre Schopenhauer.
Prepárate para llorar y saber la verdad. Un mejicano es ése que replica todo el tiempo: “no me dejes caer en tentación”, [que] significa “no me fagas ver lo que soy”.
¿Te quedáis claro qué es un mejicano? ¿A qué se refiere el ecce homo?, y más aún, ¿lo que implica crear una anatofiloçofía del mismo?
En síntesis, veremos cómo se desmenuza un mejicano. Que, desde la vista de los escépticos hasta los más apocalípticos, en la época actual:
No es más que el espectro de una vana esperanza y el suspiro de una inminente muerte en jaque...
Oh jarchas; salida me han de dar
Facerte una súplica
Simplemente que consista en estetizar
Mis más ínfimos objetivos literarios
jueves, 9 de septiembre de 2010
Die Spiegel

El glisar del piano esta vez resonó a su máxima capacidad. Si es que la pareciera tener. La historia fue enigmática y nuevamente fatal. Nadie lo podría imaginar.
Cientos de discursos sonaban al ritmo de aquel circular de notas que daban percusión al ritmo de la música. No fue como en las telenovelas. El final se veía perfilado en su totalidad.
Había que hacer entonces una revolución. Se llevó a cabo. Todos se reunieron. La devastación era absoluta. Nadie articulaba una idea pasiva y armónica. Parecía que los sonetos iban destinados a no ser estéticamente correctos.
Llegaron Ellos. Sólo ellos sabían qué hacer y decir. Tomaron la decisión. Fuerte y determinante. Pero al fin y al cabo eran los más “coherentes”. El primero advirtió que antes del veredicto las cosas debían estar pensadas. No hubo marcha atrás. Todo estaba listo.
Entre el mar de sollozos y el insensato dolor esto se llevó a cabo.
Los agigantados temporales han sucedido. Te diste cuenta de que ya nada era igual. Tu anterior realidad no es ni siquiera el mínimo de lo que algún día fue. Te diste cuenta entonces que efectivamente el objetivo estaba ahí: no hay diferencia. La mierda es la misma en todos los cerebros y corazones.
Había que dirigir la mirada hacia el horizonte más lógico: die Spiegel. Sólo mira tu entorno y verás. “La diferencia está ahí”. La basura no dejará de ser la misma. Incluso ya ni se transforma. Todo decae en lo mismo. Hasta las leyes físicas se han perdido.
Las cosas comenzaron a tomar su propio camino. La pesadilla no lo era. Preparas una partida tan insostenible como el mundo que sabes que dejas.
Hoy, no te queda nada más que extender cientos de interminables súplicas a quienes saben que más que merecidas las tienen. Has cambiado el panorama. Ni siquiera sabes si funcionará. Algo te dice que sí, porque definitivamente te has dado cuenta de lo que estás pisando.
Un adiós-hola no es suficiente. El “bienvenidos” tampoco. Queda mejor replicar lo que uno de ellos, antes de irse llevárselo, te ha dejado claro, y para que a partir de hoy intentes replicar a quienes amas:
“Cada individuo, cada rostro humano no es más que un breve ensueño de la eterna voluntad de vivir, del genio inmortal de la Naturaleza. Es un boceto más que la voluntad traza, a modo de recreo, sobre el lienzo infinito del tiempo y el espacio, y que no conserva más que un instante imperceptible, borrándolo en seguida para pintar nuevas figuras. Pero éste es precisamente el lado triste de la vida, porque cada uno de estos bocetos pasajeros, cada uno de estos vulgares croquis, debe arrastrar infinitos dolores en la plenitud de su violencia y al cabo la muerte amarga, largo tiempo temida y que siempre llega pronto. […] La vida de cada individuo, si se considera en su conjunto y en general, sin fijarse más que en los rasgos principales, es siempre un espectáculo trágico.
Willkommen.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Nietzsche hablando de jotos
Cosas raras son ésas que paren hijos y no nacen más que para otra cosa. Vergüenza me da decir que salí de algo así. Para mí resulta atípico. Me he acostumbrado. Ahora observo el mundo tratando de evitar verlas y acercármeles. Ellos no se quedan atrás. Nacen para masturbarse. Llegan a la Tierra para procrear bastardos como todo animal. Dicen que trabajan y sólo mueven sus cuerpos de la manera más estúpida que el mismo Dios podría describir de esa manera. No piensan.
Ambos: él y ella. Así él-ella. Uno descendió del otro. Esa contracción semántica y lingüística que se denota. Así como emanó Eva de Adán. Tal para cual.
¿Ése es el mundo? Qué risa me da. Es suficiente saber que así de imperfecto y putrefacto lo es. Pero no. falta algo. Ese Gólem descerebrado, humillado y ultrajado que cada tres segundos se ve. Sí, todo pareciera que así de “malo” resulta.
Es mentira. Si ellas son unas pequeñas bestias curiosas. Ellos los monstros que nacieron para hacerlas reproducir, les falta el joto. Ése que fusione a los ya referidos. La masa que tal pareciera hiper arrojada al mundo. La cosa más despiadada, de la cual el mismo Dios se crucificaría él solo si viera nacer y desenvolverse.
Se mueve como ella, pero tiene lo de él: ¡qué asco!...
Lo que más repugnancia me da, es tener que reconocer que gracias a los jotos, las bestias ésas dejan de ser únicas, y los egocéntricos machos, no les queda nada más que reconocer que son igual que ellos. Lo anterior… nada comparado a admitir que yo, con mi admiración a Dionisio y Apolo. Con esa enorme fascinación que me dotan los griegos. Sus cuerpos, su inteligencia. Las orgiásticas fiestas entre hombres...
sábado, 25 de julio de 2009
El mundo de las orugas, los capullos y las mariposas
Después de nueve meses te adentras en aquello que los mortales denominan cosmos terrenal. Suceden los años y te internas cada vez más en la penumbra humana.
Incapaz de cualquier anomalía, aún; adviertes la presencia de quienes jamás saldrán de sí, por las represiones que la sociedad aún hace imperar con la idéntica hipocresía que reza un sacramento o asalta los pensamientos ajenos sin mirarse frente a un superficial espejo y dar cuenta de quién es.
Optimizas tu camino y se encuentran los nacientes. Las inocencias que dejan todavía presumir el brillo de su sana ingenuidad. Pronto terminará. Muy pronto…
Victorioso logras apartarte un momento. Casi nada, del enmaraño y la podredumbre que acecha la mitológica tortuga.
Ilustras tu mente un rato con imágenes que la enriquecen, pero empobrecen cada vez más tu alma. Todo esto, para intentar escapar de lo que ya vislumbraste durante un rato. Casi una vida.
Concentras las ideas y conformas el macrocosmos social. Por fin. Todos te hacen ver lo que tú te resistes a notar. Así es esto. Así es aquí. El juego se maneja de ese modo: el más sucio. El que jamás te permitirá dejar tu naturaleza.
Tomas todo aquello que has usado para distraer tus ilusiones de que la aurora alumbrará algún día el camino para ti solo. Echas a la basura lo que más te duele: tus recuerdos. Despegas hacia lo que ya no es profano.
O al menos lo intentas.
Recibes la ganancia. No es material. Como a lo que regularmente estás acostumbrado. Incluso casi todos ustedes. Añoras lo más sublime y tampoco lo obtienes. Aún. La remuneración es el hecho. Sí, el simple hecho de adquirir conciencia. De saber que el mundo gira en torno a la voluntad. Y ésta, se juega en los terrenos de quien desea ser oruga, el que camine hacia los senderos bifurcados de los capullos. Y también, la dinámica se encuentra en salir y andar por los laberintos de la vida como una mariposa. Ese insecto que lleva consigo belleza, libertad, ánimo e ingenio. Pero todo… todo a conciencia de nivel irracional.
